sábado, 15 de octubre de 2011

CARAVAGGIO, FLORENCIA Y QUEJAS













Al departamento de quejas le ha llegado las siguientes: “Es que esos cuadros de los que hablas, son tan oscuros…” Redundando en lo anterior, y acentuándolo en forma muy caravaggesca, otro me dijo: “es que son tétricos”. Tétricos sí, fantástica palabra que me encantó para añadir a nuestro vocabulario selecto. Lo tétrico es lo sombrío, lo triste, lo relacionado con la muerte. Y como me ha gustado esto de las palabras, yo también añadiré dos más que empieza por la letra “l” como son “lóbregos” y “lúgubres”. Así diremos que un cuadro es lúgubre si es muy triste o sombrío, lo mismo que si es un cuadro lóbrego es porque  es oscuro, sombrío, triste o melancólico.
       Otro comentario más; me han dicho: “Esos cuadros pueden que tengan mucho mérito, pero yo no los pondría en el salón de mi casa…” Cierto. Se admiten todas las quejas y sugerencias, pero sólo hasta cierto punto. Mire señora, muchos de los cuadros que aquí se muestran no fueron hechos para un comedor o un salón, fueron hechos para iglesias, capillas y conventos, otros sí, pero en todo caso si yo tuviera un cuadro auténtico de un caravaggista lo llevaría corriendo a un museo para que todo el mundo lo pudiera admirar. Si quedara en el ámbito de un salón sería un acto de puro egoísmo, que le restaría valor al autor y al propio cuadro.
       Por otra parte, si usted tiene un mueble de madera oscura, de vengué por ejemplo, y le pone esa pequeña reproducción del David de Miguelangel que compró en su visita a Florencia, usted está haciendo, aunque no lo sepa, claroscuro. Es básicamente la misma idea que utilizaban los caravaggistas, y otros anteriores a él. Porque Caravaggio no inventó el claroscuro, lo llevó a su mejor nivel artístico en pintura y luego lo culminaron sus seguidores. La luz se abre paso entre las sombras, por eso muchos cuadros son oscuros, la luz existe y es capital, es curiosamente la protagonista; pero las sombras siempre han de estar presentes, porque un cuadro pleno de luz sería tan inexpresivo como un cuadro totalmente negro de sombra. En ese sentido el pintor caravaggista es un aventurero entre la luz y la sombra.
       Lo decisivo no es si hay mucha sombra o luz, lo decisivo es si le llega a usted el cuadro, si de alguna manera le conmueve. A mi me gusta Ribera “el españoleto” y me gusta Joaquín Sorolla, por decir dos pintores valencianos. ¿Han visto de Sorolla los cuadros titulados “Aún dicen que el pescado es caro” de 1.894 y “Triste herencia” de 1.899? Son bastante lóbregos en mi opinión, y sin embargo Sorolla es el pintor por antonomasia de la luz mediterránea. Cuidado con los clichés.

Sorolla: "Aún dicen que el pescado es caro".


Sorolla: "Triste herencia".
       Recientemente he estado en Florencia. He visto el museo de los Uffici, que por razones que no vienen al caso no había podido ver antes. Allí hay cuadros de caravaggistas importantes, sin embargo las condiciones en que están, dejan bastante que desear. Yo también me quiero quejar un poco. Hay normalmente cuatro obras de Caravaggio de las que sólo estaban dos: Cabeza de Medusa, y Baco. Ambos son de la primera etapa de obras encontradas del genio, pintadas con una diferencia de un año aproximadamente. Un poco más antiguo el Baco. Estaba en una pared fría y con una iluminación cercana a horrible.
Este regordete, simpático, y relajado Baco, que nos mira con la mirada un tanto lánguida y perdida, no es otro que Mario Minniti. Amigo íntimo de Caravaggio[1].Los rostros de esa primera época de Caravaggio reflejan una expresión de la belleza refinada en un sentido ambiguo desde el punto de vista sexual[2]. Probablemente el cuadro fue encargado por el Cardenal del Monte a Caravaggio para ser regalado al Duque de Medici. Un cuadro olvidado, que fue “descubierto” en 1.913. Si uno tiene la suerte de poder observarlo bien, observará una figura de tres cuartos reclinada, con muy buena anatomía, y con complementos de hojas de parra y frutas que era, en la época del cuadro, una especialidad de Caravaggio, y más aún la fruta en proceso de putrefacción, cosa que le divertía bastante. Un detalle curioso es el lazo negro que en la mano derecha lleva el Baco, así como las pequeñísimas burbujas que deja ver el cristal maravillosamente pintado de la jarra[3], pues momentos antes Baco acaba de escanciar una copa de buen vino y nos la ofrece con la mano izquierda amigablemente. Para que luego digan que Caravaggio era antipático…
Esta es la “Cabeza de Medusa”, no es que el cuadro sea ovalado es que la tela está montada en un escudo (¡!). El escudo es convexo, (prominente por el centro), y sin embargo en la observación nos parece cóncavo (con depresión en el centro), es una genialidad más de Caravaggio, y un ejercicio pictórico realmente notable. Fue un encargo nuevamente del cardenal Del Monte a Caravaggio para hacer entrega al Duque Fernando I de Medici en Florencia. Al parecer, se trataba de rememorar un cuadro que anteriormente había pintado Leonardo en un escudo, y se trataba de que hiciera gala en la sala de armas del Duque de Medici para acompañar una armadura que recientemente le habían regalado. Era una buena oportunidad que se le ofrecía a Caravaggio para mostrar sus habilidades como pintor, y al Cardenal del Monte para presumir de su protegido. El cuadro recoge un antiquísimo tema mitológico que voy a resumir en pocas palabras: La Medusa, (o también llamada Gorgona), fue convertida de una bella joven en un horrible monstruo por la diosa Atenea, por causa de haber faltado al respeto a las normas de su templo. Así, la convirtió en un monstruo que tenía el pelo lleno de serpientes, y cuando miraba a los mortales, los convertía en piedra. Era muy dañina, por lo que Perseo, el héroe de turno, (eso sí, con ciertas ayudas de los dioses), la mató cortándole la cabeza de un tajo, pero no mirándola directamente, porque se hubiera convertido en piedra, sino haciendo que se reflejara en un pulido escudo, que sirvió de espejo. Tras el suceso, la cabeza la ofreció a Atenea, que la puso en su escudo.
La visión del cuadro es de impacto, y en la época en que se pintó todavía más, porque el significado de la decapitación era más cercano que ahora.[4] El fondo es  verdoso, pero donde están las serpientes que forman el pelo, el fondo es negro, jugando con los reflejos metálicos de la piel de las serpientes. Recoge en mi opinión el instante en que la Medusa horrorizada se da cuenta de que ha sido decapitada por el engaño del escudo-espejo, sin que su poderosa mirada de nada sirva; con una expresión facial de horror, extrañeza, y amenaza que unido a las serpientes que siempre han producido repulsión, hacen de este cuadro-escudo de Caravaggio algo muy especial en su producción. Es muy probable que el pintor ensayara en un espejo como modelo sobre su propia cara desfigurándola y feminizándola, y que lo hiciera con el espejo utilizado en el cuadro de Marta y María Magdalena[5], e igualmente que tomara serpientes auténticas como modelos reales para tan peculiar peinado. Para la proyección a presión de la sangre en el cuello puede verse por su cercanía en el tiempo en cuanto a su realización el cuadro Judit y Holofernes.[6]
EL asunto mitológico de la Medusa ha sido tratado tanto en escultura como en pintura, destacando un cuadro de Rubens también muy horrendo que se encuentra en Viena, pero que pese a tener más serpientes y más sangre, no tiene el “momentum” que hace del cuadro de Caravaggio una obra maestra.
A sólo unos pasos de donde estaba viendo en vivo el cuadro de Medusa, (museo Uffici), se puede gozar en la plaza de la Signoria de Florencia, de la famosa escultura de Benvenuto Cellini, al héroe Perseo, mostrando como trofeo la cabeza cortada de Medusa. Sin duda un completo recorrido turístico por la decapitación.
Hago mención de estos dos cuadros de Caravaggio porque como puede apreciarse no son tan oscuros.
Sí que es cierto que con Caravaggio, y en la época que él vivió en Roma, se pone  al rojo vivo una discusión entre dos tendencias de la pintura que fue real, tan real que incluso dio lugar a enfrentamientos personales.
Los principales pintores protagonistas: (en aquel momento en Roma, principios del S. XVII), el pintor con más prestigio era Federico Zuccaro (o Zuccari), que había trabajado en España para el Rey, pero su carrera estaba tocando a su fin; el que más contactos y trabajo tenía era Giuseppe Cesari, conocido como el Caballero D’Arpino, y para el que Caravaggio trabajó por un tiempo como ayudante, y que fue el mismo que no ayudó a Caravaggio  cuando estuvo gravemente enfermo en un hospital para pobres, (esta falta de humanidad por parte de Cesari produjo una enemistad para siempre con Caravaggio). Cuando Caravaggio se repuso ya no volvió a su taller. El tercero, y el mejor reputado en la historia del arte era  Annibale Carraci[7], quizá esto el público no lo sabía entonces, pero los pintores sí. Annibale Carraci y Caravaggio se tuvieron cierto respeto y admiración, (sin exagerar), y tuvieron en común que no podían tragar ni al Caballero D’Arpino, ni a Guido Reni[8]. Por otra parte estaba G. Baglione, del que hemos hablado bastante en este blog, y al que casi nadie apreciaba, ni siquiera como pintor, aunque tuviera buenos contactos con el poder.
Ustedes pueden encontrar en los libros de historia del arte, clasificaciones y subclasificaciones, que no valen para gran cosa. Yo trataré de explicar brevemente el núcleo del problema que se debatía en ese momento entre los pintores.
Los aficionados y profesionales decían que Fulano pintaba a la “maniera” de Mengano, o que Fulano tenía una bella “maniera”. Esta palabra “maniera” se traduciría por estilo, o apurando un poco más, por técnica particular y propia de un pintor; en este sentido, Carracci tenía su “maniera” y Caravaggio su propia “maniera”[9].
Muchos pintores jóvenes llegados a Roma en esa época, soñaban secretamente con pintar como Rafael. Eso ya nos da una idea de las dos columnas en que se sustentaba el quehacer de los pintores: el dibujo y una belleza irreal, divina, pero irreal. Santos sin arrugas ni fealdad, con cara angelical y pose de buenísimos, vírgenes perfectas e idealizadas, escenas mitológicas rocambolescas y divinas hasta la apoteosis; y en eso que llega Caravaggio con su “maniera” y empieza a pintar “alla prima” (sin complicados ensayos de dibujos previos). E imponiendo frente al dibujo, el “colore”, esto es, un acercamiento decidido a la naturaleza, a lo que ve, tal como lo ve,con sus colores, con arrugas, con suciedad, desprovisto de idealización, pero con un efecto sobre el ánimo como no se había visto en mucho tiempo. El vehículo para ese dramatismo es el contraste que crea con el claro-oscuro, de una luz muchas veces artificial y focal, en un ámbito cerrado de su estudio. Además de otras sutiles innovaciones iconográficas, que vamos desentrañando cuando comentamos los cuadros ¿Y qué ocurre? Que muchos pintores que pretendían pintar como Rafael, se dan cuenta de que lo que quieren en realidad es pintar como Caravaggio, a su “maniera”. Otros pintores distintos y consagrados esto lo veían como una falta de respeto y profesionalidad, incluso una especie de traición, y abogaban por continuar estudiando “dibujo”. Pero los hechos eran tozudos, porque muchos encargos tanto públicos como privados, demandaban el estilo caravaggista. Era lo moderno. La lucha artística estaba planteada. Ellos no lo habían teorizado todavía, ni falta que les hacía, pero del manierismo los tiempos estaban pasando al primer barroco-naturalismo.

En esta foto de la Capilla Contarelli de Santa María del Popolo de Roma, podeis ver a simple vista la diferencia de estilos. A la izquierda el cuadro de Caravaggio "La crucifixión de S.Pedro", a la derecha "La Asunción de la Virgen" de Annibale Carraci. No hace falta mucho comentario.
Las vírgenes podían ser mujeres conocidas, estar hinchadas, y con palidez mortecina[10], los santos mostrar las piernas cruzadas y llevar mugre en las uñas de los pies. Claro, la ortodoxia católica dijo en más de una ocasión “hasta aquí hemos llegado”, y salió el asunto de la falta de decoro. Por eso fueron rechazados bastantes cuadros de Caravaggio,… más de los que pudo soportar.
Esta lucha artística, no fue sólo conceptual, tenía un trasfondo económico, y se llegó a los insultos, a los juzgados, incluso a las manos.
Un ejemplo relatado por Baglione, estando él presente nos cuenta que Zuccaro, fue invitado a contemplar el cuadro “la Vocación de San Mateo”[11], que había sido expuesto poco tiempo antes en la Iglesia de San Luis de los Franceses, y que había producido un gran acontecimiento. El tal Zuccaro dijo ¿A qué viene todo este revuelo? Yo no veo más que ideas de Giorgione … aquí donde Cristo lo llama al apostolado…y siguió burlándose y se mostró extrañado ante tanto alboroto, y se marchó.
Lo primero que me vino a la cabeza cuando leí ésto, es que ese Zuccaro era un imbecil, y es una prueba más para mí, de que al margen de la muy difícil personalidad de Caravaggio, siempre que pudieron, algunos lo humillaron públicamente. Si llega a estar presente en ese momento Caravaggio, yo apostaría a que le cruza la cara al tal Zuccaro.
Fíjense en lo que decía de Caravaggio un señor llamado Van Mander, pintor y crítico en esos años: “en lo que se refiere a su estilo, éste es tal que gusta mucho y es una maniera maravillosamente apta para ser secundada por los pintores jóvenes.” ¿Concuerda con lo que les estoy diciendo? Muchos jóvenes le secundaron a Caravaggio en estas ideas, y aportaron las suyas propias, dando lugar a maravillosas e impagables obras de arte.
Por último, quiero referirme también en esta ocasión, a la queja de que los cuadros son de temática religiosa católica, lo cual a muchas personas les resulta cargante. Cierto es que muchas de ellas lo son. A mí, al principio, tantos santos, vírgenes, ángeles, etc, también me abrumaba, pero ahora los veo desde una perspectiva estética, intentando desligarlos de la carga ideológica o religiosa que conllevan, y vale la pena, creo,  no rechazar su visión por el tópico de la religiosidad, si el tema religioso en sí, no les interesa. Es mi opinión, porque se pueden perder el disfrutar de un arte irrepetible en la historia. Por otro lado, tengo que decir que las obras también son de otros temas no religiosos. Hoy por ejemplo, hemos comentado dos cuadros que son de tema mitológico, no religioso.
Atendidas las quejas más comunes, les emplazo para mi siguiente entrada en el blog. Un saludo.
José Luis Cestero (nobiliano@gmail.com)


[1] Puede verse sobre este personaje las entradas de 10-12-2010 y 8-1-2011.
[2] Véase la entrada de fecha 14-7-2011 sobre estos aspectos.
[3] Se dice que en el vino de la jarra existe un autorretrato oculto del pintor. Yo no he podido verlo in situ en el museo por sus deficiencias, pero en una fotografía ampliada y con lupa sí que parece haber algo, o es simplemente una casualidad. En otra ocasión intentaré comprobarlo.
[4] Véase la entrada de 29-12-2010 sobre cabezas cortadas.
[5] Véase la entrada de 3-4-2011 donde aparece el espejo.
[6] Véase la entrada de 29-12-2010 o de 24-8-2011 donde está ese cuadro.
[7] No confundir con su hermano Agostino Carraci, con el que se enemistó, ni con su primo Ludovico Carraci, todos buenos pintores.
[8] Reni, que llegó después a Roma, provenía de Bolonia, y había estudiado en el taller de los Carraci, que eran originarios de allí, antes de que se trasladaran a Roma. No obstante  ser alumno de Carraci, no tenían buena relación.
[9] Esto no coincide exactamente con lo que quizá hayan oído o leído del llamado “manierismo”. Es manierismo es un estilo artístico general del S. XVI en que se busca una belleza formal, pero no imitando la naturaleza de forma fotográfica, sino mediante una concepción artificial, tanto de las figuras como de los colores elegidos, a la manera de los antiguos maestros. Posteriormente el concepto manierismo, se empleó de forma peyorativa, quizá por emplearse en muchos casos de forma desmesurada y fría, convirtiéndose en una técnica desprovista de alma, pero efectista.
[10] Ver por ejemplo la entrada en el blog de 3-7-2011 donde doy mis impresiones sobre el cuadro “La muerte de la Virgen”
[11] Ver las entradas de 1 y 3-12-2010 para este cuadro.


miércoles, 24 de agosto de 2011

CARAVAGGIO: FILLIDE LA "TOP MODEL". POSIBLES TENDENCIAS SEXUALES (Y III)

 

Si buscan en internet este cuadro maravilloso de Caravaggio, lo van a encontrar cientos de veces reproducido, y van también a encontrar datos oficiales, como por ejemplo, que es un cuadro bastante grande de 1’73 m. x 1’33 m, pintado al óleo entre los años 1597-1598 y que se encuentra en Madrid, en el Museo Thyssen-Bornemisza[i] por más señas; su título: “Santa Catalina de Alejandría”. Yo les recomendaría que no se crean mucho el título, porque Caravaggio en realidad pintó a una princesa. No a una princesa egipcia. Pintó a la princesa de los barrios bajos de Roma. A su amor imposible, quizá a quien fue su gran decepción y perdición. Se llamaba Fillide Melandroni.[ii]
Fillide (Fillis), no tenía siquiera veinte años cuando se le hizo este “retrato”, tenía aproximadamente dieciocho. Había llegado a Roma procedente de Siena junto con su madre y hermano. Desconocemos los motivos de ese traslado.
Trabajó Fillis desde muy joven en el alterne. Era lo que se ha dado en llamar una cortesana. Empezó pronto en la profesión porque en aquella época todo se hacía a una edad más temprana que ahora: se empezaba a trabajar antes, se casaba la gente antes, se tenían hijos antes, y todo era antes, por una sencilla razón, la gente, de media, también se moría antes.
La conoció Caravaggio probablemente en alguna de las frecuentes correrías nocturnas por alguna taberna, calle, o casa de poca reputación de Roma, seguramente junto  con sus amigos Onorio Longhi o Mario Minniti[iii].
Hombres jóvenes desafiantes, mujeres jóvenes tan atractivas que no pueden pasar desapercibidas, hormonas en exceso… Este es el terreno abonado de las pasiones. Y como se sabe, las pasiones llenan mucho, pero también desgastan mucho. Los problemas, eso era seguro, no tardarían en llegar.
Las crónicas policiales describen a Fillide como una mujer de rompe y rasga, deslenguada y celosa, con cierta propensión a ajustar cuentas con otras compañeras de profesión navaja en mano, y un interés especial por cortar la cara de las rivales, lo que significaba una humillación especial para la víctima, sobretodo si era un mujer ¿Se la imaginan junto a Caravaggio? Eso debió ser como la nitroglicerina. La chispa del explosivo seguramente se llamó Ranuccio Tomassoni ¿Lo recuerdan?[iv] Fue el joven caballerete de tendencia hispanófila, que controlaba algunas chicas, intermediando en determinados servicios de necesaria discreción, que se prestaban en fiestas y saraos por algún que otro palacio, incluso palacio cardenalicio…, y que junto con sus hermanos dominaban el barrio. Siempre que aparece Fillide en escena, aparece también Ranuccio Tommasoni, así que, aunque sólo hubiera sido simplemente una modelo para posar, Caravaggio hubiera tenido que bregar con la presencia del tal Ranuccio Tommasoni.
Volvamos al cuadro. Al parecer el Cardenal del Monte, protector de Caravaggio tenía gran devoción por Santa Catalina de Alejandría. La tradición católica sobre ésta mártir es alucinante: Catalina, hija de familia y de clase alta en Alejandría, tocada por la gracia divina de Cristo intentó convertir al idólatra Emperador romano Maximiano –que estaba de visita en la Ciudad-, pero éste abrumado por sus argumentos, mandó llamar a 50 sabios que rebatieran a la joven Catalina, cosa que no pudieron hacer ante la superioridad argumentativa de la Santa, por lo que encolerizado el emperador los ejecutó (¡!), no sin antes obligar a casarse a Catalina con uno de ellos. Esta se negó totalmente, y al desobedecerle, mandó que fuera torturada con una rueda con pinchos, pero en el justo momento que la iba a tocar a Catalina, se rompió como consecuencia de que se había lanzado por el cielo un rayo divino. Enterado el Emperador, ordenó que directamente se le cortara la cabeza con espada. Que se sepa, eso no fue impedido.
  La dama del cuadro, Fillide, vestida con suntuosas telas de la época en que se pinta el cuadro, y que sin duda eran suyas propias, están magistralmente pintadas. Destaca ese almohadón rojo en el suelo sobre el que está de rodillas. La iconología sobre el cuadro[v] es bastante interesante con una aureola apenas remarcada en la cabeza, lo que le da su carácter oficial de Santa; esa rueda con pinchos rota que evoca el primer martirio de Santa Catalina, y que fue impedido por un rayo divino que cayó y rompió la rueda. La hoja de palma como la gloria final de la martir. Sin  embargo lo que más destaca es la espada, larga, fina, ya ensangrentada sobre cuya hoja se hace descansar dos dedos, y que predice el final, según la tradición, por decapitación de la Santa. Era una de las espadas de Caravaggio. El pelo estudiadamente peinado con raya al medio, es largo y pelirrojo con unos reflejos muy bonitos. La cara en gran parte iluminada por la derecha, pone de relieve la belleza de la modelo. La interpretación de la expresión de la cara la dejo a merced del lector. Por último, hacer la mención que ha hecho algún agudo autor[vi], de que el dedo anular de la mano izquierda de la modelo que descansa sobre la empuñadura de la espada podría estar deformado (quizá por alguna fractura mal curada), extremo que comparáremos en otros cuadros.
Que Fillis era una belleza es algo evidente. Caravaggio la utilizó en dos excelentísimos cuadros más, que ya los hemos presentado en este blog, y que no me resisto a volver a poner.
 
Este otro cuadro se titula “Marta y María Magdalena”,  se encuentra en el Instituto de Arte de Detroit. Datado en 1598-1599. Ya conocen los seguidores del blog mi afición por el tema de las Marías Magdalenas[vii]. Esta vez, Magdalena se encuentra acompañada por Marta, su hermana. El cuadro expresa el preciso momento en que la cortesana, todavía con prendas lujosas, y con el espejo símbolo de su vanidad, recibe el testimonio de su hermana Marta, la cual está en semipenumbra, y que le está contando y enumerando los milagros de Cristo. En ese instante la luz divina reflejada en el espejo va a hacer que la vida de Magdalena cambie por completo. Así de una vida en el pecado, pasará a una vida de seguimiento a Cristo.
Fillis nuevamente se nos aparece con una belleza y con una presencia importante. Lleva en la mano una flor de azahar, lo que recuerda al tema pictórico clásico de Flora. Sobre la mesa un peine al que le falta una púa, (Caravaggio gustaba de hacer con frecuencia estas cosas: y estos “defectos”  ponían muy nerviosos a los clásicos inmovilistas, que no gustaban de imperfecciones y bromas en cuadros de santos). Atención, también en la mano izquierda sobre el espejo, efectivamente, aparece un tanto hundido el dedo anular, y que puede ratificar la observación de que Fillis podía tener una lesión en dicho dedo. En la oscuridad del espejo curvo se observan unos toques en rojo que son lejanos reflejos de la manga de Magdalena, un detalle que me encanta. Comentaros el hecho de que el fondo del cuadro no es demasiado oscuro, especialmente en la parte de Marta, aunque se pone de manifiesto que la misma también es una mujer con un precioso pelo y perfil, al igual que su hermana. Es más oscuro el fondo en el de Magdalena, que, ensalza el contraste con la claridad de su piel. El pelo pelirrojo, raya en medio, recogido y tirabuzones. Esto lo volveremos a ver de nuevo en otro gran cuadro.
 
En este impresionante cuadro titulado “Judit cortando la cabeza a Holofernes” de 1598-1599; que está en la Galleria Nazionale de Arte Antica del Palacio Barberini de Roma, y en que aparece nuevamente nuestra invitada especial, Fillide Melandroni, sólo quiero remarcar sobre lo que ya dijimos en la entrada de fecha 29-12-2010 cuando hablábamos de las cabezas cortadas, que el supuesto naturalismo absoluto de Caravaggio no es rigurosamente cierto, supuesto que había ciertos elementos en ciertos encargos que él no podía extraer del natural, la cabeza cortada de Holofernes es un ejemplo evidente, la separación de la cabeza del cuerpo cortada por la espada tuvo que imaginarla y pintarla. Por otra parte, Fillis no lleva un traje tan suntuoso como en otras ocasiones, un poco más de campaña, debido a “la operación” a realizar. Es impagable el rostro de la joven con esa expresión de sutil repugnancia que no apaga su gran belleza. El pelo es levemente pelirrojo, casi un poco más rubio diría yo. Probablemente usaba algún tipo de tinte o decolorante, las mujeres de la profesión saben, y sabían bastante de estas cosas. El pelo con raya en medio, tirabuzones y moño. Un detalle a observar: el pendiente es una cinta negra con una perla, después se verá porque este detalle puede ser significativo. La mano izquierda donde Fillis pudo tener una lesión en el dedo anular, está en casi total oscuridad, lo que indica una posible intención de encubrir el defecto. La presencia de la vieja sirvienta se limitará recoger la cabeza una vez cortada por la heroína.

¿Qué pasó finalmente con Fillide y Caravaggio? Pues no es nada fácil contestar a esa pregunta. Vamos por partes. No tenemos hasta la fecha un documento que nos certifique la creencia de esa relación personal, pero tenemos, o mejor dicho teníamos otro cuadro más:

 
Este cuadro se titula “Retrato de la cortesana Fillide Melandroni”, datado en 1598-1599 de 63 x  53 cm. Y digo que lo teníamos porque se quemó junto con otros dos cuadros más de Caravaggio, en la torre de artillería antiaérea de Friedrichshain en Berlín, en el año 1945. Sólo nos queda la fotografía que analizaremos en la medida de nuestras posibilidades y daremos una opinión.
Por otro lado, tenemos un documento importante. Tenemos el testamento de Fillide Melandroni. Dicho testamento fue otorgado en octubre de 1.614. En el mismo Fillis lega una serie de cantidades a iglesias, y a centros benéficos, pero en lo que nos interesa, dice específicamente que tiene en su casa un cuadro o retrato de la mano de Miguel Ángel de Caravaggio que pertenece a Julio Strozzi, por lo cual quiere que se restituya a dicho señor.
Varias dudas más nos asaltan. Sabemos que el cuadro lo pintó Caravaggio, pero ¿quién lo encargó? Primera teoría, lo encargó Julio Strozzi que amaba a Fillide, no pudo retenerlo consigo y lo dejó en depósito, o directamente se lo regaló. Segunda teoría, lo encargó Fillide y se lo regaló Caravaggio, luego tras una ruptura, Fillide se lo vendió a Strozzi, ya que la firma de Caravaggio se cotizaba mucho, pero se lo quedó ella en depósito porque no era bien vista en la familia de Strozzi, y el cuadro podría verse perjudicado si no estaba en lugar seguro. Tercera teoría, fue desde un principio un regalo de Caravaggio, que luego Fillis vendió a Strozzi porque necesitaba dinero, si bien lo mantuvo en depósito. Cuarta teoría, el cuadro fue encargado por el coleccionista Vincenzo Giustiniani en cuyo inventario de 1638 ya aparece entre otras obras de Caravaggio de su propiedad. ¿Pudo ser Giustiniani uno de los clientes de alto nivel de Fillide? No lo sabemos, pero no me extrañaría. Ahora bien, es muy posible que el retrato le fuera vendido por Strozzi, o por su familia, al rico coleccionista. Colección que posteriormente fue vendida al rey de Prusia, y es por eso, que aparece y después desaparece en Berlín. En contra de esta última teoría está el hecho de que, entre que se pinta el cuadro y aparece en el inventario pasan muchos años.
Como ven, y como siempre digo, todo lo relativo a Caravaggio está inmerso en un mar de dudas y misterios derivados, en su mayor parte, de que son cosas sucedidas hace más de cuatro siglos de las que sólo tenemos indicios.
¿Fue posible una relación personal Fillis-Michelangelo Caravaggio? No sólo fue posible sino probable. Así lo sugieren algunos autores como Langdon o Schütze[viii], y yo modestamente me sumo a esa opinión. Se basa la misma, no sólo en los reiterados modelados con el pintor, sino también, en que el homicidio de Rannucio Tommasoni a manos de Caravaggio, pudo tener entre sus causas  profundas la disputa sobre Fillide. Esa disputa venía de un odio personal con origen al menos seis años antes de cuando sucede la pelea en que muere Ranuccio y queda herido Caravaggio. Esto en cierto modo, ayuda a desmontar la afirmación categórica en algunos sectores, sobre la supuesta homosexualidad declarada o la pederastia, que algunos alegremente atribuyen al Caravaggio sin la debida prudencia.
El retrato de Fillide por una parte nos aclara algo, que fue importante, y que alguien tuvo interés especial por ella, pero por otra parte, nos sume en otras dudas adicionales. Miren la imagen y verán una mujer de pelo moreno, cuando hemos visto el color pelirrojo de los otros cuadros. ¿Una peluca? Las pelucas ya se conocían en el antiguo Egipto y se pusieron de moda generalizada en el S XVII y XVIII. Una mujer  que presta mucha atención a su  imagen, como es de esperar de una cortesana de lujo, es fácil que pudiera llevar peluca, sintiéndose así más atractiva para la posteridad. También observen el pendiente, perlas, como en Judit y Holofernes; hay que pensar que a la modelo le gustaban ese tipo de pendientes de perlas. El tipo de ropa a la moda del momento y muy parecido al de los cuadros vistos, especialmente con el de la Marta y Magdalena. Un ramito de flores en la mano derecha, parece jazmín o azahar quizá; muy parecido nuevamente al cuadro antes citado de Magdalena. Las cejas el color de las pupilas podrían ser prácticamente las mismas, pero y ahora vienen mis dudas ¿no es la cara un tanto más redonda y la papada un poco pronunciada? Y sobretodo, detalle muy importante, veo que el labio superior en el retrato es más fino, menos carnoso que en los otros tres cuadros. Quizá Caravaggio no estuvo muy inspirado en esta ocasión, o quizá no se trata de la misma persona como algún autor ha aventurado[ix],  el caso es que no lo tengo claro. ¿A usted lector que le parece?
Tras estos cuadros para particulares, el prestigio de Caravaggio creció, y pronto le llegaron los grandes encargos públicos para algunas iglesias romanas. Sea como fuere, debió haber una ruptura con Fillis por causa de Rannucio o por el carácter explosivo de los personajes porque en 1.602 Caravaggio ya se encontraba trabajando con otra modelo, la llamada Lena.[x]
Ya sabemos que tras la muerte de Ranuccio Tomassoni tuvo Caravaggio que huir de Roma, a la que ya no volvería.
Fillide Melandroni que tenía para entonces una relación con Julio Strozzi con perspectivas de matrimonio, no fue aceptada por la familia de éste, y presionada tuvo que marcharse de Roma un par de años. Volvió, y cuatro años después, falleció la bella Fillide Melandroni en 1.618 –ocho años después que muriera Michelangelo de Caravaggio con el que tuvo una relación imposible-, y pese a las dadivas previstas en su testamento a algunas iglesias romanas e instituciones de caridad, no le fue concedido, por la vida que había llevado, el ser enterrada en tierra bendecida.

Hasta la próxima.
 J. Luis Cestero


P.D. Mi amiga Dolores García Ruiz ha abierto nueva página web en www.doloresgarcia.es, recomiendo fervientemente su visita a todos los aficionados a la pintura y especialmente a los que les guste Leonardo da Vinci, pues allí van a encontrar información muy amena de una especialista, y suplementaria sobre su magnífica novela “El secreto de Monna Lisa”. De verdad, no se lo pierdan.


[i] Siempre agradecidos a Carmen Cervera que quiso que la Colección Thysenn-Bornemisza estuviera en España, donde podemos disfrutar no sólo de dicha colección, sino también de gran parte de su colección particular.
[ii] Léase “Filide”, fue también conocida más familiarmente por “Fillis” (Filis).
[iii] Véase la entrada en el blog de fecha 8-1-2011 “La banda del Caravaggio”.
[iv] Para mayor información sobre Ranuccio Tomassoni véase la entrada de fecha 28-1-2011 “Caravaggio Homicida”.
[v] Iconología es la ciencia que estudia e interpreta el significado simbólico de las imágenes representadas en las artes visuales.
[vi] Robb “El enigma de Caravaggio” pag. 302.
[vii] Puede verse algún comentario técnico sobre este cuadro en la entrada de fecha 3-4-2011.
[viii] H.Langson, Caravaggio, pag. 367 o bien S. Schütze, Caravaggio Obra Completa pag. 186.
[ix] H. Langdon, (pag 180 y 204),  citando también a Barbiellini habla de la posibilidad de que se tratase de Geronima Giustiniani, mujer de familia de alta alcurnia a la que no veo posando largas horas para Caravaggio, cosa que hacían los modelos por dinero o para ser retratados; no obstante es una posibilidad.
[x] Véase mi entrada en el blog de fecha 3-7-2011con ocasión del comentario del cuadro “La muerte de la Virgen”

miércoles, 27 de julio de 2011

CARAVAGGISTA: JOSE RIBERA "EL ESPAÑOLETO".






Me entusiasmó la exposición “El joven Ribera”. Me entusiasmó. Incluido el libro editado para la ocasión con el mismo título de la exposición.
Si tienen ocasión de verla, se la recomiendo fervientemente. Está en el Museo del Prado… y no queda mucho tiempo. En todo caso, puedan ir o no, compren el libro de la exposición “El joven Ribera”. Está bien de precio, y contiene textos de Gabriele Finaldi, José Milicua, Gianni Papi, Javier Portús, Nicola Spinosa y Antonio Vannugli; todos ellos gente muy docta en los pintores y cuadros que nos interesan.


La idea general de la exposición es en resumen la siguiente: Partiendo de unos cuadros recientemente atribuidos a Ribera, se va reconstruyendo su trayectoria artística en Roma, cuya estancia parece ser bastante anterior a lo que se pensaba hasta ahora.
¿Y qué implica eso?  Implica que de una vez se va a coger el toro por los cuernos, y se va a demostrar que un jovencísimo Ribera conoció y fue “alumno” de Caravaggio en Roma aproximadamente en 1.605, -entiéndase alumno en el sentido más amplio posible, dado que se hace difícil imaginar a Caravaggio como un paciente profesor-.
Les contaré una anécdota tengo tres grandes carpetas con datos de pintores una se titula “Los que conocieron a Caravaggio”, otra “Dudoso que conocieran a Caravaggio” y la última “No conocieron a Caravaggio”. Cuando leía sobre Ribera siempre notaba un salto en el que de su llegada a Roma se traslada el relato con alegría  a Nápoles en 1.616 –unos seis años después que muriera el maestro-, dejando un casi vacío de varios años. Como no me convencía, yo, por pura intuición, pasé a Ribera de la carpeta de los que no lo conocieron, a la de los que quizá lo conocieron, pues me parecía que había unos años oscuros en que cabía la posibilidad teórica de un conocimiento personal mutuo. Ahora estoy muy contento de que las investigaciones vayan confirmando esa intuición.
Así, y en el Libro “El joven Ribera” se dice cómo se llega a esa hipótesis razonable. Para Gianni Papi se habría formado una primera vanguardia caravaggista con Cecco del Caravaggio, Bartolomeo Manfredi, José Ribera El Españoleto, y Giovanni Antonio Galli conocido por “Spadarino”[1]. La siguiente hornada de pintores, (en la segunda década, esto es de 1.610-1.620), según la tesis de Papi, tendrían como referente no a Caravaggio sino más bien a Ribera, es decir esos pintores no estarían tanto teniendo como referencia “la Vocación de San Mateo”[2], como al cuadro “Jesús entre los doctores”, recientemente atribuido a Ribera con datación en 1.612 ó 1.613, y que se puede ver en la exposición, estando ampliamente explicado en el libro. Considera G. Papi, que en función de eso, la palabra “caravaggista” resulta impropia, superada y fuera de lugar, pues para esos pintores de la segunda década la palabra “…los oprime, casi los relega como artista menores…”[3].
 Como quiera que este modesto “blog” tiene como título “caravaggismo”, me siento aludido, y querría aportar también humildemente mi opinión en las siguientes líneas.
Hace tiempo que yo sabía que a G. Papi no le gustaba la palabra. Ahora conozco su argumentación completa. Debo decir antes, por cierto, que dentro de mis escasos medios, poseo en mi biblioteca, y he leído con fervor, su libro La “schola” del Caravaggio. Dipinti dalla Collezione Koelliker de 2.006 que compré en Roma, y que he leído, y aún releo, con el diccionario de italiano en la mano, pues hay palabras y giros de ese idioma que se me escapan. Dentro de ese libro, se incluye una largísima lista de pintores, se supone que pertenecientes a la “schola” del Caravaggio. Entre ellos Ribera. No obstante lo cual, todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión.
Las palabras sirven para entendernos, esa es su principal función. A veces, es cierto, las palabras no responden con precisión a las exigencias de conocimientos más profundos. Eso es normal. Las palabras también a veces se desgastan o encogen de contenido con el tiempo, y así tenemos que modificarlas o crear otras. G. Papi ve como la palabra caravaggismo, –por extensión caravaggistas-, oprime y relega a ciertos autores como menores, porque, claro está, los ve con méritos grandes y virtudes propias. De acuerdo, pero sino los llamamos caravaggistas… ¿cómo los llamamos entonces? ¿Tenebristas? ¿Quizá “riberistas”? ¿Según sea la primera, la segunda o la tercera década del S XVII? ¿Quizá no les llamamos de ninguna manera especial? No lo sé. El caso es que si nos fijamos en las diferencias, en las innovaciones, el caravaggismo se queda corto e inadecuado,  pero si nos fijamos en las similitudes, quizá el caravaggismo como palabra no está tan mal. Es un enfoque práctico. Por otra parte Caravaggio es actualmente, con diferencia, mucho más conocido[4], que por ejemplo Spadarino o que incluso Ribera, (cuestión de moda, no siempre fue así como sabemos), pero, a través de aquél,  impulsados por su genio podemos llegar a Ribera y Spadarino y otros. Nunca he pensado yo en tildar a otros artistas distintos de Caravaggio como menores. Creo que  a ningún admirador del arte se le ocurriría algo así. Y a tenor de esto, siempre me viene a la cabeza, cuando en el museo Van Gogh de Ámsterdam, no podía yo ni caminar del gentío que estaba degustando los cuadros del pelirrojo holandés, artista que, según tengo entendido, no vendió muchos cuadros en vida, lo que demuestra, y demostrará por siempre, lo injusto  de la desconsideración a un artista.
Y sin embargo, de algún modo G. Papi me produce cercanía y simpatía cuando dice que incluido él mismo continúa utilizando el término –caravaggissmo-, pues no consigue arrinconarlo probablemente por economía lingüística. Para terminar este asunto nominal, pienso que a medida que pasa el tiempo, los  “ismos” se alejan del personaje que los bautiza, incluso de su estilo directo, y nos lleva más a un concepto si se quiere un tanto vago. Por ejemplo, si hablamos sobre surrealismo y comentamos sobre Dalí, Magritte o De Chirico, que son pintores muy diferentes, seguramente nos entenderíamos pese a que sus diferencias son notables.
Los argumentos de Gianni Papi  en cuanto a lo demás me resultan convincentes.
Pongamos como ejemplo el siguiente cuadro:

Se titula “La negación de San pedro”. Este fabuloso cuadro de 163x233 fue uno de los que más me interesó de la exposición “El joven Ribera”.Fue pintado en aproximadamente 1.615 ó 1.616. Estaba hasta ahora mayoritariamente atribuido a un caravaggista de origen francés llamado Valentin de Boulogne. Ahora veamos este otro:

Fue pintado por Caravaggio en 1.609 ó 1.610 y es propiedad del Museo Metropolitano de Nueva York. Se titula igualmente “La negación de San Pedro”. Medidas 94 x 125’5.
El cuadro de Ribera el Españoleto, atribuido gracias a los buenos oficios de G. Papi, yo diría que es muy caravaggiesco. Podríamos encontrar muchas diferencias, pero también muchas similitudes ¿en qué quiere fijar usted la atención?¿En las diferencias o en las similitudes? Yo en todo.
Para empezar el cuadro de Caravaggio es muy posible que fuera conocido por el Españoleto pocos años después de la muerte de Caravaggio, incluso que lo conociera en Roma.
¿Es posible que este cuadro fuera un homenaje de Ribera al maestro? Quizá. Yo diría que sí. Veamos:
El cuadro de Ribera tiene dos claras secciones, una primera “los que están de pie y a la derecha” (negación de S. Pedro), y “los que están en la mesa”, (que evoca la escena del Nuevo Testamento en la que los soldados romanos se juegan a los dados las ropas de Jesús crucificado). Además, habría otro inquietante personaje de pie a la izquierda que funciona de alguna manera como nexo de unión de las dos secciones. La actitud y gesto  de S. Pedro es la misma en los dos cuadros; manos simétricas dobladas  hacia adentro, con los pulgares extendidos como queriendo decir “¿Yo? Yo no tengo nada que ver con Jesús”. Seguimos. La mujer que está al lado de S. Pedro en ambos cuadros le señala; y aquí debemos hacer mención que ya en el cuadro de Caravaggio “La Vocación de San Mateo” ya se ponía en evidencia toda la teatralidad y dramatismo de los señalamientos entre unos y otros personajes. Destaca la innovación del tipejo con gorrita –la gorrita es del estilo del cuadro también de La Vocación de S. Mateo- que está con el dedo acusador  dirigido a S. Pedro, función que realiza en Caravaggio el soldado con su mano a contraluz. También está el soldado que simboliza la fuerza del poder, lo peligroso de la situación en que se ve S. Pedro. El soldado va con su coraza y es una imagen de soldado en el tiempo del cuadro, una transgresión temporal de la que ya hablamos en la Vocación de San Mateo. En el cuadro de Ribera el soldado que está mirando a los dados con la coraza puesta, (la coraza con su brillo intenso, era una filigrana apreciada y rompe de alguna manera con la monotonía de las ropas de los demás). Después la mesa; la mesa da mucho juego a los buenos pintores. Ocurren muchas cosas en su entorno. Sirve a los pintores para agrupar a los personajes en diferentes actitudes. Aquí, una vez más, como en la Vocación de San Mateo, algunos personajes permanecen ajenos a lo que ocurre cerca de la mesa. Con la mes como aglutinador dos temas pictóricos muy conocidos: La Última cena y La cena de Emaús[5]. Por ultimo, reparemos en la iluminación. Caras, parcialmente iluminadas, manos –siempre difíciles de hacer-, ropas de tonos oscuros, oscuridad general, intensidad, peligro, y al mismo tiempo desolación. Obras maestras ambas desde luego.
Bien, Ribera caravaggista. Ribera innovador. Nos gusta Ribera “El Españoleto”. Me temo que hablaremos bastante de Ribera.
Enhorabuena a G. Papi por sus investigaciones, y a los que han montado esta exposición, que nos permiten conocer y admirar más obras de arte. Estamos abiertos a todo. Aquí no hay dogmas en nada. Este es un blog entre amigos. Hasta pronto.
José Luis Cestero (nobiliano@gmail.com).


Fe de erratas.
En la entrada de fecha 28-2-2011 señalo como de Carlo Saraceni el cuadro de San Gregorio Magno que se encuentra en la Galeria de Arte Antiguo del Palacio Barberini de Roma. Dicho cuadro ha sido atribuido a José de Ribera El Españoleto por investigaciones de Silvia Danesi Squarzina (2.003). No obstante pido perdón, y ruego que admitan como excusa, que cuando estuve allí en el Palacio Barberini, vi el cartelito con el nombre de Ribera, pero mi atención estaba centrada en los cuadros de Caravaggio “Judith y Holofernes” y  “Narciso” que estaban en la misma sala, y como no dejan fotografiar, llevo muchas cosas en la cabeza, y no puedo recordarlo todo bien. Compré la Guia del Palazzo en italiano (de 1998 pero reeditada en 2.009), y señala el cuadro como de Carlo Saraceni (pag 96), entonces, al verlo así en el libro, pensé que yo me había confundido con el cartel leído de Ribera y que pertenecería a otro cuadro contiguo.


[1] “Spadarino” es un pintor poco conocido en general y del que no hemos comentado casi nada. No obstante es muy interesante y hablaremos de él en una próxima entrada.
[2] Ver la entrada de 1-12-2010 y 3-12-2010.
[3] G. Papi “El joven Ribera-Ribera en Roma. La revelación del genio.” Pag. 46

[4] En el momento  que esto escribo llega a España el cuadro de Caravaggio el “Entierro de Cristo” o también “Deposición” procedente de la pinacoteca del Vaticano, y que ha tenido un gran eco mediático, que no lo hubiera tenido hace unos años.
[5] De Caravaggio no tenemos Ultima Cena, pero tenemos dos maravillosas cenas de Emaús, de las que ya hablaremos.


lunes, 4 de julio de 2011

CARAVAGGISTA: CARLO SELLITTO





        En nuestro periplo por los pintores que sí conocieron a Caravaggio personalmente no debemos olvidar a uno no muy conocido pero que abrazó con fervor las ideas del “maestro”, se trata de Carlo Sellitto (léase Carlo Selito).
Cuando Caravaggio huido de Roma llega a Nápoles en 1.606, es bien acogido por los pintores del lugar, especialmente por los jóvenes. Uno de ellos fue Battistello Caracciolo (véase entrada de 7-5-2011), otro fue Louis Finson (véase entrada del 14-6-2011), y otro más fue Carlo Sellitto. Así, Carlo pintó bastantes obras que lamentablemente se han perdido, y eso unido a que murió bastante joven (33 años), sólo cuatro años después de  morir Caravaggio, no ha ayudado a su conocimiento.
        Pocas obras se pueden encontrar de él fuera de Italia. En el Museo del Prado, por ejemplo, no creo que tenga ninguna.
        Voy a ofrecer tres de ellas:
       
Esta primera representa a Santa Lucía, patrona de los invidentes y de quienes tienen problemas de la vista,  en que todavía tiene los ojos, pero se los van a arrancar pronto, y van a ser depositados en la copa que tiene en la mano, o bien ya se los han arrancado, están en la copa, y fiel a la tradición sigue viendo de forma milagrosa. Está en el Museo Regional de Messina. Impresiona la expresión de gravedad de la Santa pero al mismo tiempo de seguridad en sí misma.
Este cuadro de tres cuartos, se titula “Salomé recibe la cabeza del Bautista”, entra directamente en el tema muy de moda en la época, y del que ya hemos hablado en otras ocasiones: cabezas cortadas que impresionan al espectador. Pueden verse las entradas de 29-12-2010, y 28-1-2011 cuando hablo de Artemisa Gentileschi, o de 7-5-2011 en ocasión de comentar a Battistello Caracciolo.


Por último este cuadro del Museo de Capodimonte es ya para quitarse el sombrero. Se trata de una sensual “Magdalena penitente”. Me encanta este cuadro de Carlo Sellitto. La modelo debió estar contentísima porque la ha sacado bellísima.
El tema de María Magdalena ha sido muy recurrente en la pintura. En la tradición cristiana esa María del pueblo de Magdala era una mujer bella y pecadora. Pecadora, como no, de pecados sobre todo de la carne, esto es prostituta. Pero el encuentro con Jesús que le exorciza de siete demonios, (nada menos), y entonces ve la luz divina, no sin previamente pasar por un proceso de penitencia. De hecho es la primera testigo de la resurrección de Jesucristo. El arrepentimiento conlleva el gran premio de la gracia, el conocimiento  y vivencia del gran misterio, ese es el mensaje religioso. Ustedes pueden ver en internet todo tipo de comentarios y teorías actuales sobre si Magdalena fue mujer o amante de Jesús, etc, pero eso se sale del objetivo de este blog. Para nosotros lo importante es cómo imaginaban los pintores a la Magdalena.       La imaginaban de gran belleza, sensual, arrepentida, ascética, penitente, pero incluso voluptuosa, y que enseña un trozo de piel más de lo generalmente permitido. El tema tiene por tanto, un componente dramático y un componente sexual, pues no dejaba de ser una buena excusa para retratar la belleza de una mujer. Como digo, se ha pintado mucho y en este blog veremos bastantes Magdalenas, muchas de ellas memorables. El Museo del Prado, por poner un museo grande, tiene más de veinte Magdalenas.
Volviendo al cuadro de Carlo Sellito, vemos que Magdalena se apoya sobre una calavera que representa la vanidad de la belleza pasajera y a donde todos llegaremos. Belleza y muerte, una combinación siempre inquietante. ¿Les ha gustado?
Saludos. Hasta pronto.
José L. Cestero (nobiliano@gmail.com)